La niñez y la adolescencia son etapas decisivas para alcanzar un estado óptimo de mineralización ósea, hecho fundamental para prevenir osteopenia u osteoporosis en edad avanzada especialmente en mujeres. En este sentido, al igual que la inactividad física (en personas sedentarias o en casos extremos como los pacientes en coma o los astronautas) disminuye considerablemente la densidad ósea o no la aumenta, el ejercicio físico en general parece contribuir a su incremento, pero hay matices que hay que tener en cuenta como en el caso de la natación.

La natación es uno de los deportes más practicados por niños y adolescentes prácticamente en todo el mundo, y sus efectos sobre la densidad mineral ósea (BMD) están siendo estudiados. Gómez-Bruton publica en noviembre de 2015un estudio que corrobora quelos nadadores presentan similar densidad mineral ósea que los individuos sedentarios (no deportistas) y menor que los practicantes de deportes osteogénicos (deportes con impacto que implican correr, saltar, cambios de dirección, etc) El autor y sus colaboradores concluyen que la natación es un deporte de escasos efectos sobre la BMD, por lo que deberían incluir en su plan de entrenamiento otros ejercicios con efectos osteogénicos, con impacto.

Dicho de otra manera, el ejercicio físico es uno de los factores que condicionan el modelado y remodelado óseo. En el hueso, el estímulo más importante se produce cuando las cargas, inherentes al ejercicio físico, exceden las habituales y tienen una distribución inusual, siendo más importante la intensidad que la duración de las mismas. El ejercicio físico que parece tener un mayor potencial osteogénico es el que incluye saltos no estereotipados, en diferentes trayectorias. La actividad física de bajo impacto, que implica escasa sobrecarga mecánica, no parece tener ninguna ventaja. Así pues, las disciplinas deportivas que incluyen actividades de impacto vertical, en las que se ha de soportar el peso del propio cuerpo, son más favorables para la masa ósea que aquellas en las que no hay impacto, como la natación o el ciclismo. Estos beneficios serán específicos de las áreas especialmente implicadas en el ejercicio, ya que la respuesta del hueso a la carga mecánica suele ser local y no generalizada. Significa que si saltara a la pata coja con la pierna derecha, se beneficiaría los huesos de la pierna derecha, pero no los de la izquierda.

Ahora bien, no es mi intención restar valor a un ejercicio físico con tantos beneficios como la natación, sino la de promover por parte de padres, monitores y entrenadores la práctica sistemática de esos ejercicios de perfil osteogénico en sus nadadores jóvenes, o bien asegurarse que los practican otros días. Uno de los objetivos de la formación deportiva de base es promover cierto rendimiento, pero también pensar en la integridad física y mental en el presente y en el futuro del deportista. En este sentido, hay soluciones no demasiado complejas, por ejemplo el salto a la cuerda, una opción muy válida al alcance, sencilla y con potencial osteogénico.