Hola de nuevo a todos, lectores de Ágora. Tras una prolongada ausencia vuelvo a escribir sobre un tema que bien lo merece y no es éste otro que la importancia de la Psicología como ciencia por un lado y de el bienestar psicológico del deportista en cuestión, por el otro, todo englobado en el título del presente artículo. A nadie que conozca muy ligeramente el deporte le extraña oír casos de lesiones, pues son algo normal y casi diría cotidiano en la práctica de este. El problema llega cuando la lesión se produce por exceso de repetición o estrés psicológico, entre otros, pues en estos casos, esta situación podría y debería haberse evitado. Dicho esto, centraré en el área psicológica ya que es la que me atañe: Una elevada exigencia es necesaria en el deporte de alto rendimiento, pero no a cualquier precio; y si hablamos de deporte base ya la cosa cambia aún más. Establecer objetivos de tarea, retos motivadores pero no asfixiantes, una adecuada comunicación y relación personal entre el entrenador y sus pupilos, además de unas expectativas conjuntas y ajustadas de la temporada nos ayudarán a evitar problemas y situaciones perjudiciales para el deportista y su entorno. El otro vértice del triángulo deportivo (familiares) debe mostrarse como un apoyo emocional y nunca como una presión añadida o un segundo entrenador. Si logramos reunir estos requisitos favoreceremos a todas luces el desarrollo del deportista como tal y como persona, pero... ¿qué pasa si la lesión llega por otros motivos? Buena pregunta. El deportista, además si es joven, atravesará unos estadios divididos en 5 etapas similares al llamado duelo. Tengamos en cuenta que la práctica deportiva de un profesional en éste campo influye enormemente en su autoconcepto y autoestima personal, por lo que verse privado de ella hará que pueda atravesar alguna o la totalidad de estas fases:

1.Negación: El deportista niega que ha sucedido, o afirma que “no es para tanto”.

2.Enfado indiferencia o ira

3.Negociación: Se intenta encontrar una solución irreal, aunque la lesión sea irremediable

4.Dolor emocional, tristeza

5.Aceptación

No todos pasan por las cinco fases, pero es nuestra labor, desde los profesionales del deporte, aportar la calma y comprensión que ellos en ese momento pueden no tener, aceptando y haciendo aceptar que las lesiones son parte del deporte y que el aprendizaje que podemos sacar de ello no es la lesión en sí, sino la fortaleza y lucha que nos aportarán una increíble satisfacción cuando superemos el bache.

Algo que podemos hacer como cuerpo técnico de un deportista es tratar de identificar en qué fase psicológica se encuentra el lesionado, hacerle tomar conciencia y otorgarle una serie de herramientas y estrategias que hagan más llevadero el proceso; como pueden ser:

1- Establecimiento de actividades placenteras que motiven y suplan de alguna manera el deporte y lo que éste le aporta al deportista.

2. Objetivos consensuados a corto y medio plazo enfocados en la recuperación y en la posterior vuelta.

3- Técnicas de relajación y visualización que ayuden en el día a día.

4- Apoyo emocional del entorno deportivo y personal.

5- Transmitir paciencia y confianza.

6- Estructurar el tiempo

7-Diario de emociones: Autovaloración diaria del tipo de emociones que se van sintiendo y la intensidad de estas.

Esto no es más que una pequeña propuesta esquematizada del proceso de recuperación; cuando progresivamente vaya volviéndose a la práctica deportiva, habrá que reformular los objetivos, el tiempo y trabajar la atención-concentración para evitar que esta se centre en la parte de la lesión mientras se entrena.

Un saludo a todos y hasta la próxima.

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