La caudetana Leo Maciá ha quedado segunda en el Maratón del Sahara, y Cristina Azorín, cuarta. María Gracia Parra también ha conseguido completar el exigente recorrido por el desierto, llegando en la posición 14ª. Todo un éxito para estas caudetanas que, sin embargo, persiguen metas más solidarias que deportivas, sin desdeñar las segundas, por supuesto… ¡¡Enhorabuena!!

La meta de la decimonovena edición del Sahara Marathon era una obra conceptual del artista saharaui AlArbi. Los corredores que cubrían los 42 kilómetros pasaban bajo un arco de meta con forma de jaima saharaui y sobre una instalación que representaba una típica vasija de barro con la leche derramada. Todo un símbolo de las tradiciones de este pueblo nómada del desierto, que en los años de abundancia derramaba la leche sobre la arena para dejarla secar y poder guardarla en polvo para temporadas de penuria. Un símbolo de bienestar y esperanza para un pueblo que vive en medio de la nada, rodeado por el desierto más grande del mundo y olvidado por las instituciones internacionales que no terminan de hacer justicia para resolver su situación.

El Sahara Marathon es un grito a través del deporte para recordar al mundo la situación injusta de las 160.000 personas que aún viven en estos campos de refugiados. Familias que tuvieron que huir de su tierra y que ahora viven de la ayuda internacional en un territorio inhóspito.

Medio centenar de corredores acuden cada año al suroeste de Argelia para participar en esta carrera cuyo objetivo es reivindicar en todo el mundo la situación de este pueblo y evitar que su causa caiga en el olvido. Personas de cualquier condición que llegan desde Singapur, Chile, Estados Unidos, Sudáfrica o China para sumar su granito de arena en este desierto de solidaridad.

Una carrera distinta a las demás, donde los cronos son irrelevantes y lo realmente emocionante es la fusión de historias personales unidas por un mismo objetivo de solidaridad humana. Las familias saharauis, que acogen en sus jaimas a los participantes, salen a la calle a aplaudir a los corredores, del primero al último. Los atletas corren con la piel erizada y sobrecogidos por el enorme desierto de arena que les envuelve y por la grandeza de sus anfitriones. Uno tras otro van cruzando la meta con los ojos húmedos y compartiendo sus vivencias.

Alicia que corre con el dorsal 39, la edad que debería tener su marido que murió sin cumplir su sueño de correr en el desierto. Mohamed, el martir saharaui que perdió la pierna en la explosión de una mina y con su vetusta pierna ortopédica se atreve a correr un maratón. Yael, la californiana que hace cinco años llegó a los campamentos por error y a partir de entonces se ha embarcado a poner en marcha su propia biblioteca infantil o su club deportivo. Mari reúne a una veintena de estudiante valencianos que cada año acuden a la carrera y aprovechan para hacer proyectos de nutrición. Christian que cruzó la meta llorando por el reciente fallecimiento de su padre… Decenas de historias personales que suman una atmósfera que solo en esta carrera se puede respirar.

En lo deportivo, la prueba tampoco defraudó y se pudo vivir una carrera emocionante y solo resuelta en los últimos compases. Se daban cita los dos primeros clasificados del año pasado, el saharaui Lehsen Sidahmed y el vasco Jon Salvador. Todo apuntaba a un duelo entre ambos, pero a la fiesta se sumo un invitado especial, el sueco Jon Jonatan Fahlen, que se sumó al grupo de cabeza y a mitad de carrera se decidió a atacar. Al principio parecía que su camino hacia la victoria iba a ser fácil, pero en los últimos kilómetros los temidos calambres le ralentizaron y por poco no se vio superado por Salvador primero y después por el héroe local Lehsen. Al final podio con el sueco en lo más alto, franqueado por el saharaui y el español.

En la prueba femenina también una nórdica se llevó el gato al agua, la sueca Li Edqvist, que se impuso a Leo Maciá y a la americana Liz Warner.

En las carreras de las demás distancias triunfaron el argelino Bouhalouani y la española Meritxell Bonet, en la media maratón; el héroe local Amaidan Salah y la francesa Anne Trincal ganaron en 10 kilómetros; los 5 km. fueron para el argelino Matchat y la valenciana Olcina.

Tras la prueba, los participantes permanecerán varios días en los campamentos conviviendo con las familias saharauis y poniendo en marcha los numerosos proyectos solidarios que este evento va generando a lo largo de los años. Diecinueve son ya las ediciones del Sahara Marathon, casi dos décadas de grito a través del deporte para que en todo el mundo se recuerde que aquí hay una injusticia sin resolver y un montón de atletas solidarios dispuestos a correr contra el olvido.