Su sueño se ha cumplido. El montañero Sergio Medina ha logrado su objetivo que no era otro que hacer cima en la denominada “montaña más bella del planeta”: El Alpamayo. Así relataba la gesta el caudetano a ÁGORA DEPORTE:

Día 9. Me encuentro en campo 1 ya para la ascensión al Alpamayo. No ha subido nadie aún, pero tenemos muchas energías y fuerzas para intentarlo. Nos levantamos a las 00:00 horas de la madrugada para desayunar algo y a la 1.30 salir.

Está nevando un poco y el día no es del todo bueno. Muy nublado, pero vamos a por la cumbre. Saliendo pierdo las lentillas y me toca volver y ponerme las gafas. ¡Qué desastre! Ya preparados hacemos la travesía hasta llegar a la rimalla, muy grande. Hay que buscar el mejor paso para cruzarla.

Una vez cruzada nos encaminamos ya en el primer largo. La escalada es muy mantenida y delicada. Cada vez que alguien escala, los trozos de hielo que caen y a la velocidad que van te pueden lesionar y mucho.

La escalada es dura. Son 60 - 70 grados de inclinación mantenidos. Cuando ya llevo dos largos no siento los gemelos. Son 2 rocas y me quedan 5 largos mas aún.

Llego a un tramo de hielo vertical y duro. Cuando me pongo a escalar no siento los dedos de los pies ni de las manos. Los dedos del pie izquierdo los llevo congelados. ¡Qué dolor! Al rato de escalar ya noto como un hormigueo y como que empiezan a calentarse. ¡Qué alivio!

Las manos igual cuando escaló se me congelan y cuando paro entran en calor. Es duro. No hay ni un descanso en la pared. Las reuniones son incómodas para posicionarse con los pies. Los móviles no van, ni las cámaras, debido al frío. A -20 o -25 grados no funciona nada.

Ya escalando poco a poco después de unas 6 horas pude conseguir encender la cámara y tomar una foto antes de llegar a cumbre. Y es encender y al segundo apagarse. Antes de cumbre surgió un accidente. Éramos 2 cordadas de 2 personas: una canadiense, que habia escalado 2 veces el Everest, el K2 también y muchas mas, y su compañero; y yo y mi compañero, estábamos asegurando desde la reunión y saliendo a cumbre. Al picar con el piolet se desprendió una cornisa y los 2 compañeros cayeron 10 - 15 metros hasta la reunión que estábamos nosotros.

Mi compañero me cayó encima clavándome los crampones en el hombro y él quedando colgado hacia arriba y sin respiración. La otra cordada, la canadiense se hizo mal en el cuello y cogió algo de edema pulmonar con mucha tos y el compañero se cortó el labio y el casco roto por una estaca. Menos mal que los tornillos de hielo estaban muy bien puestos. Nos salvaron la vida. Ya después de relajarnos y poner todo en orden y ver la lesiones de cada uno subimos a cumbre que estaba a 5 metros y todo es muy rápido debido al nerviosismo.

El tiempo malo, muy nublado y con viento. Ni un segundo en cumbre y sin comer nada debido a todo lo ocurrido, y sin beber porque estaba todo congelado empezamos a montar rapeles y más rapeles con abalacob y estacas y comenzamos a bajar, muy cansados y con dolores. Nos cuesta mucho trabajo bajar. En cada reunión hay que esperar y cuando el compañero baja, los trozos de hielo caen como si fueran balas.

Agachas la cabeza y esperas a que te den los trozos de hielo y te destrocen o pasen por tu lado a tanta velocidad que te quedas pensando... Ya cuando cruzamos la rimaya, que descanso. Ya estamos abajo y es tarde. Toca recoger todo el campo 1 y bajar por el glaciar al campo base del Alpamayo. Vamos muy despacio debido a las lesiones y llegamos al campo base a las 00:00. 24 horas sin parar. Menos mal que nuestro cocinero nos hizo una cena especial y buenísima, como todos los dias, y ya al día siguiente a Huaraz directos con una gran comida familiar de despedida: Pachamanca típica de aquí.

La más rica comida de todas, de una elaboración que nunca había visto con piedras y enterrada. Me han cuidado como si fuera un hijo. Nos encontramos todos bien y preparados para las futuras expediciones. Dar las gracias a los sponsors Ágora Habla, Transportes Penadés e hijos, y a la Federación de Castilla la Mancha por toda la ayuda recibida.