Una vez abandonada su actividad como jugador de baloncesto, Jesús Fernández sigue ligado a este deporte en forma de técnico para los "más pequeños". El 'americano de Villena', afincado en la localidad granadina de Otura se dio cuenta de que no había baloncesto en esta ciudad.

El villenense decidió ponerle remedio después de escuchar el consejo de su mujer. Yadira fue al fin y al cabo la impulsora para que el expívot del 'Cebé' volviera a emprender una aventura en Granada relacionada con el mundo de la canasta. Empezó con un equipo de siete chavales; sus dos hijos Hugo y Martín, y un grupo de amigos del 'cole'. Hoy, son ochenta.

Y no es fácil armar un club de baloncesto desde la nada y menos cuando frente al Pabellón El Deyre entrenan cada día los chicos del todopoderoso fútbol, engalanados con sus camisetas al estilo del Feyenoord y ese aroma a deporte rey. Pero, puede que el éxito de este nuevo CB Otura resida en una filosofía propia y muy especial. A cuna de promoción deportiva y escuela sin mirar más allá de la formación como deportistas.

Los títulos llegarán si tienen que hacerlo. Aquí todos los jugadores son igual de importantes dice Jesús, y cuentan con minutos en la cancha. También, este éxito llega porque Fernández continúa siendo sin lugar a dudas un estandarte vivo del mejor baloncesto que ha visto Granada en los últimos años.

Sus 2,03 metros dejaban entrever a un tipo muy duro bajo el aro que hoy descubre amable y directo en el uno contra uno. Atento a cada detalle, deja trabajar a sus tres entrenadores: Nuria, Sergio y Amado. "Cuando jugué mi último año en Fundación, en la Liga EBA, ya lo hice con la cabeza en el equipo pero también sabiendo que tenía que buscar una salida por otro lado, un trabajo", explica.

Fue, cuando su mujer lo animó. "Me comentó que podía montar algo en el pueblo, porque no hay equipo. Hablé con el Ayuntamiento y empezamos con siete niños, dos míos y tres amiguitos suyos. El segundo año llegamos a los veinte, seguimos con treintaitrés el pasado y este hemos llegado a los ochenta", bosqueja, perfilando con cifras el esfuerzo de estos cuatro años.

Los chavales lo conocen. En el equipo de Amado, ¡el más pequeño tiene dos años y medio! Pero no importa. Se trata de jugar, de activar las capacidades psicomotrices lanzando unos balones, no muy grandes, a unos aros, no muy altos. "Jugaba en el Granada y hacía muchos puntos", dicen los 'peques', después del entrenamiento. "Siempre lo hacía muy bien, ¡Era el capitán!", apuntan desde el gallinero.

Filosofía formativa

La idea, dice el ex jugador, "desde el principio ha sido montar una escuela educativa, a nivel de valores, algo social, con los padres involucrados en todo momento. Y el proyecto de momento va a las mil maravillas, no sólo por los niños sino por su respuesta, por los padres y el pueblo. Aquí no excluimos a nadie, no vamos a hacer una selección de jugadores, quedarnos con los doce mejores y excluir a los demás. No es nuestra filosofía. Todo niño puede venir aquí a practicar este deporte, nunca se va a quedar fuera. La idea es que cada fin de semana salgan a competir juntos. Pero da igual el nivel que tengas, la edad o lo que sea, todo el mundo va a tener la misma oportunidad", abunda.

La idea, es la pura promoción del baloncesto. Lanzar a canasta. Pero los jugadores y jugadoras que demuestren grandes habilidades, tendrán la oportunidad de encauzar su carrera deportiva hacia clubes con equipos en ligas autonómicas. "Este año ya tenemos un equipo de niños de 16 y 17 años. Lo que les queremos transmitir es que si en algún momento ellos quieren dar el siguiente paso, el de competición y no ya de ganar o tener que elegir pero sí de jugar más serio, que tengan esa base ya hecha. Aquí van a aprender a convivir en un equipo", apunta el villenense.

Su hijo pequeño juega al fútbol

Fernández, que dejó la cancha pero que no se aleja del mundo del deporte y que vive ahora una cercanía con la cantera, no es ajeno a lo que pasa en otros terrenos de juego. Sobre todo en los de césped. "Mi hijo pequeño juega al fútbol", comenta, "yo voy a la grada a verlo, me siento y no entro en ningún debate hacia el partido o el entrenador. Pero creo que es por la educación que me ha dado el baloncesto. Si ves a algún padre algo más exaltado por el resultado, hay que decirle que sólo se puede ganar o perder y no hay otra cosa. Debemos enseñar a ganar y también a perder", subraya.

Es uno de los pilares de su proyecto en Otura. La formación integral como deportistas. Y consensuó criterios con el alcalde, Nazario Montes, y el concejal de Deportes, Ángel Pertíñez, "la razón de este proyecto es educativa antes que para aprender un deporte. Nuestra principal premisa es que tanto los niños como los padres que hay en la grada, y estos son muchísimos, tengan un comportamiento ejemplar. Esto es un deporte, no es una guerra en la que te juegas la vida. Es divertirse, aprender, convivir. Nosotros se lo transmitimos a los padres y estos a los niños. Es una cadena. Y en eso hemos tenido mucha suerte porque tenemos unos padres que se involucran mucho en este sentido, vienen animan y no entran en el trabajo de los entrenadores", rubrica quien fuera pívot del 'Cebé', de Fundación y ahora entrenador de la prometedora escuela del CB Otura.